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ESE ESTADO DE IMBECILIDAD TRANSITORIA

El enamoramiento es un estado de imbecilidad transitoria


Ortega y Gasset.


No sabemos a ciencia cierta quién de ellos dos enunció tan lúcido postulado (siguiendo la broma simplona y popular como nuestros protagonistas), pero los MacGuffin están muy de acuerdo por una vez, de ahí la visión trágica de su relación.


También dijeron Ortega y Gasset que: «cuándo nos daremos cuenta que el mundo no es ni alma ni materia sino una perspectiva». Y, muy a pesar que los MacGuffin también coincidan en este postulado, lo llevan hasta sus últimas consecuencias cada cual desde su verdad.


De esta guisa teorizan sobre el amor. El señor MacGuffin dice:

- El amor es la patria de todos.

A lo que la señora MacGuffin contesta...

- Pero que no se te olvide que el amor nace de la imaginación y muere por la cotidianidad, por lo que a fregar los platos...

El señor MacGuffin repone.

- El amor y la democracia son dos proyecciones idealizadas.

Y la señora MacGuffin contesta.

- El amor es ciego a los defectos y sordo a los consejos, por lo que haz el favor de fregar los platos, mira que te lo vengo diciendo...

Pero el señor MacGuffin continúa.

- El amor es abstracto y el deseo concreto.

La señora MacGuffin parece estar de acuerdo con esto último.

- En eso tienes razón y, concretamente, a ver si friegas los platos...

Pero el señor MacGuffin, que es cansino como él solo, prosigue.

- El amor empieza siendo fe y acaba siendo ciencia.

La señora MacGuffin, llegada al hartazgo de argumentos y evasivas, pone fin a la dialéctica con el siguiente axioma.

- Si no quieres que pierda la fe, la paciencia o lo que sea, friega de una puta vez los platos, que si no y a ciencia cierta, nuestro amor va a acabar en tragedia...


Y es que, en el amor, lo mismo es sabio el ignorante que ignorante el sabio; lo mismo convierte en poeta al gañán que al gualdrapa en galán.


Pero esto del amor sucede hasta en las mejores familias. Dicen que el amor es un sentimiento noble, pero no se engañe, los plebeyos también se enamoran.


Sin embargo, los MacGuffin, que se encontraron en la mitad del camino de la vida y la noche cada cual con su propia maleta llena de cadáveres por lo menos coinciden en algo: más pena que no ser el primer amor da no ser el último.



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