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LOS MACGUFFIN SON UNA PAREJA DE DESECHO

Los MacGuffin no están casados, ni si quiera son pareja de hecho, son una nueva oportunidad de hacer las cosas regular, el penúltimo tren de la penúltima estación: la primavera.


Por esto son una pareja de desecho y por otras cosas: porque tienen un carácter que pa qué, porque quién demonios les iba a aguantar sino ellos mismos, porque son un roto para descosido y un medio pomelo el uno para el otro.


Ambos coinciden, por extraño que parezca, en que la vida ya es lo suficientemente cruel como para contraer matrimonio.


Y es que la idealidad del amor dura hasta la realidad del matrimonio, por esto el único matrimonio que les gusta a los MacGuffin es el de un boquerón y una anchoa a la hora del aperitivo.


Solo hay una cosa mejor que estar casado, no estarlo.


Aunque bien es cierto que todo el mundo debería casarse una vez en la vida para saber del sufrimiento del mundo, por lo que es muy curioso que lloremos en los funerales y no en las bodas. Así pues, podríamos decir que el amor es teoría y el matrimonio mala praxis. También podríamos inferir que, dado que el matrimonio se da tanto entre ricos como entre pobres, la estupidez es universal.


Pero, no obstante, hay gente tan mala en la vida que se merece el matrimonio.


Las personas deberían casarse sin estar enamoradas, pensando fríamente y sin tener el juicio nublado para saber dónde se meten. Y no es el caso.


El caso es que, piensan ellos, el sexo es ocio y el matrimonio negocio y, como son pobres como ratas y no hay braguetazo a la vista que valga, han decidido libremente no casarse en separación de bienes (los pocos que puedan tener en los bolsillos), porque en un matrimonio de conveniencia todo son inconvenientes.


El sacramento del matrimonio siempre deriva en el sacramento de la penitencia y es más fácil morir de amor que vivir en matrimonio, aunque este siempre acaba poniendo de acuerdo a los cónyuges y acaban sintiendo lo mismo: hastío e inquina.


Por lo que los MacGuffin no van a renunciar a su fiesta cotidiana de cantar canciones infantiles en la parte trasera de un autobús conducido por un kamikaze camino del abismo.



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