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LOS MCGUFFIN Y EL PROCESO CREATIVO

Los MacGuffin son como dos cabestros cerriles que se embisten violentamente cuando se encabronan, lo cual es más a menudo de lo que se pudiera pensar o desear, por lo que imagínese lo que sucede cuando trabajan juntos...


Y es que el señor MacGuffin es un auténtico desastre, un chapucero y un prisas; mientras que la señora MacGuffin es ordenada, meticulosa y le da tantas vueltas a las cosas que acaban por marearse.


A esto hay que sumar su diferente visión del mundo, de la vida y del arte; su distinta percepción de la historia, la tragedia y el futuro; sus opuestos, contrarios y contradictorios fines y metas. Todo un despropósito en definitiva.


Sin embargo, hacen buen equipo cuando se escuchan y comprenden, cuando tras enriquecerse de la perspectiva del otro llegan a acuerdos y sacan los proyectos adelante.


Pero no es fácil para ellos trabajar en equipo, no se crean, pues en su talante democrático siempre llegan a un empate en la toma de decisiones tras el escrutinio de las votaciones y, como no hay presidente ni voto de calidad, tienen que recurrir a la dialéctica de la mutua comprensión, a la razón de los argumentos esgrimidos, al sentido común aunque sea el menos común de los sentidos... Y eso se les da fatal...


No obstante parece que se entienden en el humor y en el amor al arte, por lo que, tras tormentas de ideas y tormentos de razones, a veces llega la cosa a buen puerto (que juzgue el lector y si no que naufraguen de la mano).


Así es el proceso creativo de los MacGuffin, de estos dos becerros cerriles. De su rito de apareamiento igual hablamos otro día.




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